jueves, 25 de abril de 2013


ningún corte dejó alguna marca importante aquí
cada letra, sin embargo,
se clava como polvo de vidrio
aún más dentro de lo que puedo ver.
las he aspirado en el despertar (ningún despertar poético, hablo solo del típico despertar)
cuando resuenan como chicos disparos
cortos secos en el cemento.
me he bañado con ellas en agua de dudosa procedencia
cubierta de mosquitos misteriosos de dudosa procedencia
en arenas tibias y abrazadoras de dudosa procedencia.
me he secado al sol, en la niebla, con ellas.
y ya no hay nada que decir sobre esto.

no he encontrado ningún olor que pueda calmarme más que el suyo.
una calma inquieta, de bosque, no de selva o moriría.
y a veces logro una calma,
sabemos que no es calma ni sosiego.
es solo un instante antes del jadeo, un jadeo antes de la caída.

yo sé
no hay clamor que pueda calmarme.
hay una inquietud de muerte que me asecha por meses
(como si algo de esto se pudiera medir en tiempos)
(como si yo tuviera algún vínculo bueno con el "tiempo")
(como si no fuese yo un pozo pequeño tan verdeoscuro)
yo sé -decía,
que no hay ardor que pueda calmarme:
caminar descalza por el fuego solo me provoca espanto
no por la quemadura, la herida está abierta,
porque después, yo sé, cualquier llama es frío.

cualquier llama -río.

(como si una sonrisa no cortara tanto como una palabra)
tacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacataca

esta máquina, que escribe, no dice nada de nada.
su sonido es un disparo chico en medio del cemento.
me mata a medias. parezco más bien una borracha meada que una muerta.
y obvio que me gustaría  ser la muerta.
(y no hablo de la muerte como algo poético, hablo de lo putrefacto)
a ver si un gusano
a ver si una larva de gusano
a ver si alguna
se clava aquí me corta tanto
me desintegra.                                



No hay comentarios:

Publicar un comentario