lunes, 17 de junio de 2013

Ciega


“Nada es bastante real para un fantasma”
E. L.

Y de pronto están las cosas que no quiero
soñar:
en la cocina abierta un ratón se pasea sin que pueda verlo.
Esa sensación retorcida de que una verdad está ahí
y nuestra ceguera nos impide entender.

La rabia
entrando por todos los poros,
Impidiendo el descanso,
Contenida y sorda
como un agua de estero estancada y con espuma.
Barrial de mi historia comiéndome las tripas
Dejándome morir la calma de sed
y el deseo de asco.

La rabia va ganando un lugar en este cuerpo azul.
Reside conmigo en cajas,
en frascos olorosos.
Estampada en los párpados
respira incómoda detrás de la puerta,
como un violador astuto
hurgando espiando entre matorrales.

La rabia absurda y blanca
como un hospital en que nadie se cura
en el que la enfermedad se expande como grito en la noche.
Radiante
como velo de monja.

La siento como una quemadura triste.
La trago envenenándome.
Es de un dolor tan flácido,
tan cargado de ambigüedades que se volvieron silencio.
Y este silencio
solo era abandono.

Una vez más me he dejado caer en sus brazos
y no hay viento más amargo
ni tibieza más inútil.

Esta habitación cargada de gritos,
Llena de espectros transparentes y ruidosos.
De esta habitación en la que no hay salida,
Salgo.
Solo para evitar ser
Para verme actuar tan mal en esto.

Nadie lo comprende.
Es como si una fuerza oscura no dejara de tirarme los pies,
arrastrándome sin piedad a un suelo de madera encerado.
Sucio.
Cubierto de pasos.
De ahí solo podría levantarme cargada de sangre,
hedionda de pasiones grises.

Ciega en la casa húmeda,
chocando con paredes y recuerdos,
Ridículamente presente
a pesar de esta transparencia
y de no saber la ruta para llegar a su cuerpo.

La rabia de perder una vez más la calma
la paciencia
la calma de nuevo

Yo gritaría.



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