“Nada es bastante real
para un fantasma”
E. L.
Y de
pronto están las cosas que no quiero
soñar:
en la
cocina abierta un ratón se pasea sin que pueda verlo.
Esa
sensación retorcida de que una verdad está ahí
y nuestra
ceguera nos impide entender.
La rabia
entrando
por todos los poros,
Impidiendo
el descanso,
Contenida
y sorda
como un
agua de estero estancada y con espuma.
Barrial
de mi historia comiéndome las tripas
Dejándome
morir la calma de sed
y el
deseo de asco.
La rabia
va ganando un lugar en este cuerpo azul.
Reside
conmigo en cajas,
en
frascos olorosos.
Estampada
en los párpados
respira
incómoda detrás de la puerta,
como un
violador astuto
hurgando
espiando entre matorrales.
La rabia
absurda y blanca
como un
hospital en que nadie se cura
en el
que la enfermedad se expande como grito en la noche.
Radiante
como
velo de monja.
La
siento como una quemadura triste.
La trago
envenenándome.
Es de un
dolor tan flácido,
tan
cargado de ambigüedades que se volvieron silencio.
Y este
silencio
solo era
abandono.
Una vez
más me he dejado caer en sus brazos
y no hay
viento más amargo
ni
tibieza más inútil.
Esta
habitación cargada de gritos,
Llena de
espectros transparentes y ruidosos.
De esta
habitación en la que no hay salida,
Salgo.
Solo
para evitar ser
Para
verme actuar tan mal en esto.
Nadie lo
comprende.
Es como
si una fuerza oscura no dejara de tirarme los pies,
arrastrándome
sin piedad a un suelo de madera encerado.
Sucio.
Cubierto
de pasos.
De ahí
solo podría levantarme cargada de sangre,
hedionda
de pasiones grises.
Ciega en
la casa húmeda,
chocando
con paredes y recuerdos,
Ridículamente
presente
a pesar
de esta transparencia
y de no
saber la ruta para llegar a su cuerpo.
La rabia
de perder una vez más la calma
la
paciencia
la calma
de nuevo
Yo
gritaría.

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