lunes, 17 de junio de 2013

Fantasma


 
Para C.

Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones

A.P.


me desvisto de a poco
el agua me llama
es la lluvia que viene por mí

una vez más


recojo en el camino los pasos
percibo:
entre los árboles no hay espacio para huellas
insisto:
no hay juegos que en el bosque sean más que lo que son


tiendo el luto

deshilachando nuestros hilos
me oliste vestida así de negro
me sabías de colores tan oscuros como los tuyos
aún disfrazados de fantasmas
atravesando puertas
cerradas
abiertas
olvidaste la cerradura en alguna parte

y no nos importó

me encerraste una parte en la casa de madera
que se quedé ahí
que me quede esa parte durmiendo muriendo
que se me muera ese día la vida
que se venga conmigo la muerte
que resucite yo en funerales graciosos

que cantemos los dos sobre tumbas musgosas

espéjame un rato espérame
que no sea yo la perdida en el lago
que no me rebote la imagen cortada en lagunas
que sea el río oscuro el que me lleve
y mírame
ahí al lado como aparición


anda
vuelve
y que en despedida nuestro abrazo detenga la lluvia

desaparécete

déjame esa parte en la casa en ruinas
para que no vuelva más ese fantasma aterrador y dulce
que soy
que somos
en la tarde fragmentada

córtalo todo con tus sonidos
pero no toques el jardín
no irrumpas su espesor con tus pisadas
tócame con ternura
tiémblame

bésame en lo oscuro del limbo
déjame la cara limpia de llantos
que nos dure este abrazo hasta que volvamos a vernos

fantasma,
que desaparezcamos los dos en lo profundo

sin terminarnos nunca
sin esperarnos jamás

que tu cuerpo sea siempre






Ciega


“Nada es bastante real para un fantasma”
E. L.

Y de pronto están las cosas que no quiero
soñar:
en la cocina abierta un ratón se pasea sin que pueda verlo.
Esa sensación retorcida de que una verdad está ahí
y nuestra ceguera nos impide entender.

La rabia
entrando por todos los poros,
Impidiendo el descanso,
Contenida y sorda
como un agua de estero estancada y con espuma.
Barrial de mi historia comiéndome las tripas
Dejándome morir la calma de sed
y el deseo de asco.

La rabia va ganando un lugar en este cuerpo azul.
Reside conmigo en cajas,
en frascos olorosos.
Estampada en los párpados
respira incómoda detrás de la puerta,
como un violador astuto
hurgando espiando entre matorrales.

La rabia absurda y blanca
como un hospital en que nadie se cura
en el que la enfermedad se expande como grito en la noche.
Radiante
como velo de monja.

La siento como una quemadura triste.
La trago envenenándome.
Es de un dolor tan flácido,
tan cargado de ambigüedades que se volvieron silencio.
Y este silencio
solo era abandono.

Una vez más me he dejado caer en sus brazos
y no hay viento más amargo
ni tibieza más inútil.

Esta habitación cargada de gritos,
Llena de espectros transparentes y ruidosos.
De esta habitación en la que no hay salida,
Salgo.
Solo para evitar ser
Para verme actuar tan mal en esto.

Nadie lo comprende.
Es como si una fuerza oscura no dejara de tirarme los pies,
arrastrándome sin piedad a un suelo de madera encerado.
Sucio.
Cubierto de pasos.
De ahí solo podría levantarme cargada de sangre,
hedionda de pasiones grises.

Ciega en la casa húmeda,
chocando con paredes y recuerdos,
Ridículamente presente
a pesar de esta transparencia
y de no saber la ruta para llegar a su cuerpo.

La rabia de perder una vez más la calma
la paciencia
la calma de nuevo

Yo gritaría.